He experimentado un cambio de centro de trabajo y todo lo que eso conlleva: despedidas, tristeza, nostalgia, iniciar desde cero en un sitio distinto.
Pero eso último ha sido llevado al extremo estos meses.
Mentiría si dijera que ha sido fácil adaptarme al nuevo formato de clases.
Sería un error afirmar que estoy logrando todos mis propósitos
y que los mismos estudiantes también lo están haciendo.
Tenemos miedo.
Estamos estresados, agotados.
Nerviosos.
No sabemos qué pasará en una semana,
en unos meses,
el siguiente ciclo.
No creo ser la única que mantiene a raya a "la loca de la casa"
con un esfuerzo sobrehumano.
Siento que estoy al borde del precipicio, que estoy a nada
de caer hacia un abismo que no me es del todo desconocido.
Sima cuyas fauces ya me han recibido
al tenerle miedo a la vida misma
en el pasado.
No puedo decir que me es ajena la sensación
pero no por ello es menos desagradable.
Quisiera no ser novata en esto,
seguir lidiando solo con la dificultad
de volver a conocer a mis estudiantes;
habría hecho menos daño a mi intestino
seguir repitiendo el reglamento de la materia
a niños que no han conocido la disciplina
que esto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario