domingo, 13 de septiembre de 2015

Quiero llorar

Cuando la luna se pone en un cielo ajeno
Cuando la vida no es más como la conozco
Cuando me obligan a salir de mi burbuja
Cuando miro por la ventana y no veo mis valles,
mis ríos, mis alegrías
Cuando recuerdo los buenos momentos
Cuando trato de ignorar los tragos amargos
Cuando miro mi juventud pasar
Cuando creo en el destino
Cuando miro las reliquias del ayer
Cuando extraño los ritos iniciáticos
Cuando veo que fui feliz
y que ahora no lo soy más
Ahí, cuando entiendo todo lo anterior
como parte del proceso de evolución
quiero llorar.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Novata

Cambiar el lugar en el que resides
puede ser un proceso doloroso.
Puede que hayas buscado eso por tanto tiempo,
y que al lograrlo,
te sientas liberado.
Tal vez eso no tiene ningún efecto distinto en ti
y sea solo un movimiento
hacia izquierda o derecha.
Para mí es doloroso,
lo había buscado,
pero no creí que sería tan rápido.
No fue solo un movimiento;
fueron muchos
hacia un lugar totalmente ajeno a mí.
Todo acá es nuevo,
no tengo idea de cómo afrontarlo
sin parecer tonta.
No quiero ser llamada novata
porque yo ya me lo he repetido hasta el cansancio.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Partners

Hablar me está salvando
conocer las historias de otros
sus vidas
sus sufrimientos
sus soledades
impide que me sienta sola
porque en un mundo donde la gente
es gente sola
sueña sola
vive sola
las soledades se acoplan muy bien.

En sus marcas, listos... ¿listos?

    Estos días han sido bastantes caóticos. Mi vida cambió radicalmente en cuestión de horas. Tuve que dejar mi casa, a mi familia, a todo lo que conocía y me era "indispensable" para ser feliz. 

    Pese a que la distancia es relativamente corta, es emocionalmente gigantesca. Son únicamente 220 km entre el punto de mi zona de confort y el salto al vacío.

    Lloré de indignación, de dolor y rabia, porque mi entorno familiar, mi comodidad y todo con lo que me sentía segura, se desvanecía.

    Los últimos átomos de mi juventud estudiantil, de mi época de mayor gozo, donde aún podía depender de otros, se estaban separando.

    Y ahora, lejos de casa, con gente amable pero que es aún desconocida para mí, trato de volverme consciente de mi nueva realidad, de la nueva carga de responsabilidades que ha caído sobre mis hombros.

    No sé si ya estaba lista, si tenía lo necesario para enfrentarme a este nuevo reto. Lo que sí sé es que sigo siendo una hija amada del universo, pues, tan amoroso como él solo, me envió de un empujón al vacío, impidiendo que tuviera tiempo de sentir miedo.