lunes, 19 de octubre de 2015

Poco más de un mes

Llevo más de un mes en esto. Mi nuevo trabajo, mis nuevos compañeros, mi nuevo contexto y entorno, todo sigue luchando por abrirse espacio en mi necio corazón.
Sin embargo, me es difícil renunciar a mi vida de estudiante, a los bellos momentos que pasaba entre mis coetáneos, y más aún, a dejar el cierto control y seguridad que ejercía sobre mi vida.
¿Podría todo lo malo tener cabida en un sitio tan pequeño como este? Sí, al menos todo lo que detesto.
El respeto, la decencia, la buena educación, la tolerancia, la empatía y la solidaridad no se ven mucho por estos rumbos.
Todos gritan, quieren hacerse oír. Todos vibran, pero yo soy una onda. Somos distintos.
¿Caminar por las noches? No más. Hay una rutina para todo: mañana tarde y noche.
Ya no más salidas con los parientes, no más bromas.
No más elotes en el zócalo, no más lasagna, no más comida de mamá y abuela.
No por hora.
No por al rato.
No por mañana.
Hasta que el alma diga que ya he aprendido lo que debía
y me deje marchar de este sitio
hacia aires más familiares,
hacia un mundo más amigable
y con más claridad.